Sombras sobre la Ley del Suelo de Cantabria
domingo, 14 de diciembre del 2008 a las 11:08
H ace algún tiempo que desde ACANTO veíamos venir la propuesta de modificación de la Ley del Suelo de Cantabria con la que se pretende regular la edificación, entre otro tipo de construcciones, de viviendas unifamiliares en el suelo rústico. A este respecto ya se hacía eco El Diario Montañés el 6-10-08 de unas declaraciones efectuadas por el Sr. Mirones, presidente de la CEOE-CEPYME de Cantabria, quien reclamaba «soluciones jurídicas» que sirvieran para «liberalizar» el suelo propiedad de empresas de la construcción en Cantabria, no susceptible de explotación urbanísitica por falta de calificación. Argüía que esta situación estaba provocando que «muchísimas» promotoras se estuvieran encontrando con falta de liquidez a pesar de disponer de activos (potenciales) "tremendos" de suelo, pendiente de desarrollar. No se puede ser más claro y evidente en las exigencias.
El Sr. Mirones haría bien en explicar por qué no se estaba refiriendo a ese asunto tan sucio y zafio como es la especulación.Y ahora, el Gobierno nos presenta esta propuesta legislativa. No podemos menos que preguntarnos si es la respuesta a los intensos requerimientos del Sr. Mirones y sus representados. Unos requerimientos entre los que no se incluía la correcta aplicación de los principios previstos en la Ley estatal del Suelo, tales como un urbanismo sostenible, el uso racional de los recursos naturales, o la protección del medio rural y la preservación de los valores del suelo innecesario o inidóneo para atender las necesidades de transformación urbanística; requerimientos análogos a los formulados en el Convenio Europeo del Paisaje y en el propio Art. 45 de la Constitución Española.
Al parecer, el documento con el que trabaja el Gobierno señalaría unas condiciones que, a falta de mayor información, son similares a las impuestas en la vigente ley del suelo de Cantabria respecto a la protección del paisaje, los entornos culturales, etc. Sin embargo, habremos de recordar que estas condiciones no han logrado impedir en los últimos años la salvaje dentellada al paisaje cántabro, propinada por masas de viviendas unifamiliares de idéntica tipología, o edificaciones en laderas acompañadas de titánicas escolleras.
En lugar de reflexionar con seriedad sobre la manera más adecuada de frenar esta barbarie y de diseñar medidas para la rehabilitación del paisaje y de nuestros núcleos rurales, el Gobierno acude en rescate de los empobrecidos promotores permitiendo edificar tantas viviendas como las ya sitas en zona urbana, pero esta vez en el campo. Todo un terreno ya abonado para la proliferación de promociones inmobiliarias, esta vez en pleno agro.
Únase a ello la permisibilidad para edificar sin previa planificación del territorio, en lugares alejados de servicios, dotaciones y equipamiento. ¿Cómo se garantizará que la población pueda acudir andando a los edificios de interés público (centros de atención médica o enseñanza infantil) o para el abastecimiento de productos de primera necesidad?. La dotación adecuada de servicios únicamente se puede llevar a cabo en los núcleos creando centralidad y enriqueciendo el diseño urbano y la mezcla de usos.
Está claro que esto no es Alemania, cuya legislación urbanística no regala derechos urbanísticos a sus ciudadanos, tal y como explica Dº Juan José de la Lastra, estudioso de este derecho, ni puede contravenir su estricta Ley de Protección de la Naturaleza y la Conservación del Paisaje, jerárquicamente superior a aquella. Está claro que la actual época de vacas flacas servirá para justificar un retroceso en la protección del paisaje, para dar la espalda a los crecimientos urbanísticos ordenados y correctamente planificados y para dar continuidad a una industria sobredimensionada e incapaz de generar riqueza a largo plazo.
Ya dijo Marx que «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados». Me refiero a Groucho, aunque ahora vuelva a estar de moda hablar de Karl y sus tremebundos vaticinios catastrofistas.



